miércoles, 31 de octubre de 2012

54.- Sublime experiencia



Había una vez un rey recto y severo
que convocando en su reino a sus ministros,
mandóles que escribieran en registros:
“qué es lo más bello que en sus vidas vieron”.

Pues díjoles: todo es tedio en derredor
y nada hay bello en mi triste rutina,
quiero una “Sublime Experiencia Divina”,
capaz de hacerme llorar por su esplendor.

Uno de ellos sentóse y con templanza
escribió: aunque he visto cosas bellas,
nada mejor que el resplandor de las estrellas
en una noche limpia y de bonanza.

Otro puso: lo más bello de observar
pues nada superior yo vi hasta ahora,
fue el esplendor refulgente de la aurora,
con sus matices reflejados en el mar.

Un tercero narró: no hay vista alguna,
como las flores brotando en primavera
y el rocío que destila en la pradera,
en una noche plateada por la luna.

Y así todos le escribieron a conciencia,
lo mejor que habían visto al soberano,
y al final, el ministro más anciano,
recomendó esta sencilla experiencia:

¡Oh! Majestad perdonadme si yo llamo
la atención a tu demandada terca,
mas, lo sublime de ti está muy cerca:
observa a tu hijo cuando te dice TE AMO.

Entonces verás, que toda otra hermosura,
palidece de envidia en su presencia
pues lo mejor que Dios creó en su Omnipotencia
es el don del puro amor en la criatura.

Tomó el registro aquél Rey y a pie juntilla,
recorrió con ansiedad cada experiencia,
cuando dijo “TE AMO” la inocencia,
se vio una lágrima rodar por su mejilla.

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